Comentario III Domingo Ordinario

III Domingo del Tiempo Ordinario

Mente abierta y corazón creyente

¿Pensar o creer? Algunos han planteado esta disyuntiva como si ambas cosas fueran irreconciliables. Sin embargo, todo el que piensa necesitará de alguien que le ayude a encaminar correctamente su pensamiento. Por eso, en este domingo pedimos al Señor que oriente nuestros actos según su voluntad (oración colecta) ya que reconocemos que en nuestro libre pensar y actuar podemos equivocarnos. Y la equivocación se manifestará en nuestro estilo de vida. Ahí descubrimos que necesitamos de dos cosas. Por un lado, necesitamos la conversión (primera lectura) y por otro la misericordia (salmo). Esto nos ayuda a descubrir que hay cosas que son necesarias y otras que puedo prescindir de ellas (segunda lectura). Jesús es el anuncio de esa presencia de un amigo entre nosotros que nos ayudará a abrir el pensamiento y orientar nuestras acciones para hacer siempre el bien (evangelio).

Abandonarse a la voluntad de Dios

Nínive en la antigüedad era la capital del imperio asirio. Esta nación permanece en la memoria de Israel como símbolo del imperialismo y la agresividad contra el pueblo de Dios. Por tanto, no se trata solamente de un pueblo pagano alejado de la fe sino que representa a los opresores de todos los tiempos. A ellos debe ir Jonás para exhortarles a la conversión y a ellos Dios concede su perdón. Este misterioso actuar de Dios no es entendido ni aceptado por Jonás, como lo manifestará en el capítulo siguiente al texto que estamos meditando este domingo. Sin embargo, el libro de Jonás quiere mostrarnos la abundancia de la misericordia de Dios y su perdón, aún con los enemigos. Por otro lado, se nos invita a todos a fiarnos de la voluntad de Dios aún cuando sus caminos sean diversos a los nuestros y sus planes no coincidan con nuestros cálculos humanos. La actitud es abandonarse a la voluntad de Dios en el contexto que me ha tocado vivir. Esta familia, este trabajo, estas personas que me rodean, esta situación económica, este gobierno… y tantas otras realidades que nos oprimen son nuestros “Nínives” allí donde estamos llamados a descubrir el plan de Dios y anunciarle con valentía.

 

¿Quién soy y que he hecho?

El salmo de este domingo es una oración y una catequesis. Los versículos elegidos por la liturgia para este domingo podríamos dividirlos en dos partes. La primera de ellas son las primeras dos estrofas en las que se le habla directamente a Dios reconociéndolo como un maestro tierno, misericordioso y bueno. Pero, su enseñanza no es llenarnos la cabeza de ideas y conocimientos. La enseñanza de Dios es práctica, se trata de acompañarnos a vivir correctamente y sin equivocarnos. Sin embargo, su bondad y misericordia se manifiestan precisamente porque nosotros no seguimos el plan o la voluntad de Dios. Siguiendo la idea de la primera lectura, nosotros también somos Nínive, también oprimimos y hacemos daño con nuestras conductas erradas. En esos momentos es que recurrimos a la ternura y misericordia de Dios. La segunda parte de nuestro salmo son palabras dirigidas al que reza el salmo en donde se nos consuela mostrándonos que Dios siempre está dispuesto a enderezar nuestro camino equivocado. ¿Cuál es la única actitud necesaria para recibir la ternura y perdón de Dios? La humildad, reconocer quién soy y lo que hecho.

Lo más importante

La Carta a los Corintios es una respuesta de san Pablo a diversos problemas y preguntas en esa comunidad. El capítulo siete, donde se encuentran los versículos de este domingo, trata sobre las preguntas relacionadas con la condición social. Más específicamente, estos versículos (17,29-31) forman parte de un contexto más amplio (7,25-40) en el que el apóstol responde sobre los cambios de estado civil. ¿Qué es mejor? ¿casarse o estar soltero? A lo que Pablo responde muy humanamente diciendo: ¡no pierdas el tiempo! Así nos lleva a lo verdaderamente importante. Esta lectura nos invita a distinguir lo temporero de lo eterno, lo que pasa de lo que permanece. No es una invitación a la indiferencia, a que no me importe los asuntos del mundo presente, sino a la justa valoración de las cosas. Nos invita a recordar que todo esto que nos rodea, se acabará y al final nos encontraremos solamente Dios y yo. Cuando pase todo esto y me ponga a solas delante de Dios sin anillo de matrimonio, velo de religiosa o cuello clerical ¿qué le diré? ¿lo saludaré como a un buen amigo con quien he pasado buenos momentos? ¿o será para mí un desconocido porque gasté la vida en otros asuntos “más importantes”?

 

Abre tu mente y cree

¡Galilea! Cuando se visita el país de Israel y se conocen sus diversas zonas, se valora la frescura, tranquilidad y verdor de Galilea. En medio de la zona desértica del territorio palestino está este gran lago (que el evangelio de Marcos llama “mar”) y en torno a él tierras de cultivos y crianza de animales. Allí, Jesús comienza su misión y a ese lugar hará volver a sus discípulos luego de resucitar: “irá delante de ellos a Galilea” (Mc 16,7). Allí, en este lugar Jesús viene a dar un doble anuncio y una doble exhortación. “Se ha cumplido el plazo (tiempo)”: Jesús mismo es el cumplimiento de todo lo que se ha venido anunciando. Él es la palabra de Dios que se ha hecho presente entre nosotros. También anuncia que “está cerca el reino de Dios”. Estas dos afirmaciones nos ayudan a descubrir en qué consiste el evangelio. No es una doctrina o enseñanza sino una persona que se ha acercado a nosotros en el momento oportuno. El “reino de Dios” es Jesucristo presente en el mundo, entre cada uno de nosotros. Sin embargo, aún no percibimos esa presencia de Dios entre nosotros ¿por qué? Porque no hemos seguido sus dos exhortaciones: convertirse y creer. La palabra metanoia que traducimos por conversión no significa solamente “cambio de mentalidad” sino que también se puede traducir como “apertura de la mente”. Por tanto, la conversión a la que se nos invita es a dejar de ser un “mente cerrada”, a ser capaz de tomar otros caminos en mi vida y a pensar diferente. Pero, la metanoia va acompañada del pisteuo, la fe. Piensa lo que quieras pero no dejes de creer, piensa como quieras pero confía en Jesús, piensa como quieras pero que lo que “quieras” te ayude a fortalecer la fe. La Iglesia es ese instrumento que usa Jesús para ayudarnos a mantenernos en la fe. Por eso el anuncio del reino de Dios va acompañado con la llamada de los primeros cuatro discípulos. Ellos serán aquellos que, como Jonás en la primera lectura, son llamados a levantarse e ir a los lugares difíciles para ser voz de Dios, pescadores de hombres y ayudarlos a tener mente abierta y corazón creyente.

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